Siguiendo la campaña de Antanas Mockus y Sergio Fajardo para la presidencia de Colombia, 2010.
Días en que revisamos los periódicos 8 o 10 veces al día para leer y coleccionar cada noticia, para analizar todos los comentarios; días en que compartimos el video con la última composición o la última visita a las ciudades, o que repetimos los anteriores sin nunca cansarnos; días en que prendimos la W o Caracol a las 6 para escuchar la última declaración y comentarla; días en que no soltamos el facebook para ver qué cosas insólitas nos compartían nuestros anónimos amigos de campaña; días en que escribimos, comentamos o reenviamos mensajes para canalizar este exceso de entusiasmo o de desconcierto; días en que no nos aguatamos las ganas de discutir con la abuela, el taxista o quien cayera en nuestras manos; días en que nos reunimos a ver los debates como si se trata de la final del mundial de fútbol al que nunca clasificamos.
Días que habrán sido por lo pronto nuestra experiencia política más intensa, días en los que nos enviciamos con la utopía y no quisimos soltarla o, tal vez, días que fueron un prefacio al momento en que repentinamente tuvimos que enfrentarnos al aterrador reto de realizarla.
Días de verde.
(La imagen de "enderecemos esta vaina", es de Esteban Ucrós, y el Mockus de fondo es de Diego Contreras)
Catching Elephant is a theme by Andy Taylor
Somos 3.120.716 los que tercamente votamos por Mockus a la presidencia.
Somos 3.120.716 los que votamos por él, a pesar de sus despistes y de los autogoles de su campaña: a pesar de que es tan tentador pensar que las respuestas en el vitrinazo falaz de los debates son lo mismo que gobernar y nuestro candidato tenga el vicio de pensar antes de responder, a pesar de que nuestro candidato cayó olímpicamente en las trampas mediáticas de sus inescrupulosos contrincantes una y otra vez.
Somos 3.120.716 los que votamos por él, a pesar de que nos enfrentamos a la comunión más descarada de todos los poderes más sospechosos del país y sus sus descaradas prácticas: a pesar de que toda la maquinaria del país sacó a rodar todo lo que tenía de flujo de caja para abusar de la pobreza de la gente y no quedar en jaque; a pesar del desvergonzado populismo de su adversario que promete no subir los impuestos, siendo continuista de un gobierno que ha dejado las arcas del estado desocupadas; a pesar de las caricaturescas y rampantes calumnias que salen de la boca de José Obdulio o de la campaña de difamación de J.J. Rendón y son difundidas sistemáticamente en el chismerío callejero; a pesar de que nuestro impudoroso contrincante logró en una semana voltear a punta de amenazas todos los directores de medios; a pesar de las caravanas de la seguridad que le endulzan los oídos a los ricos para ir a su casa de verano en Peñalisa, mientras las cifras de desplazamiento siguen disparadas en el resto del país; a pesar de la estrategia sistemática de despertar el miedo a través de las FARC y Chávez y tocar con eso el instinto más primario: la supervivencia.
Somos 3.120.716 votos muy resistentes que dimos el salto y confiamos en lo que está sucediendo.
Pero somos mucho más que 3.120.716. Somos muchos más los que estamos de acuerdo en que queremos un país decente, somos muchos más lo que queremos que la vida sea un tabú que respetemos incondicionalmente, somos mucho más los que quisiéramos un gobierno técnico y no de sanguijuelas esperando su pedazo de torta burocrática, somos mucho más lo que quisiéramos poder confiar sin andar armados de la suspicacia de siempre.
Veo en buena parte de ese 46% gente confundida, gente explotada, gente dudosa, gente encaprichada, gente asustada, pero no veo una sola justificación que me parezca legítima (si la hay, que alguien me la presente): un “voto de opinión” por Santos es, así lo veo, una contradicción en los términos. Seamos socráticos, pero combativos: ¡abramos de una vez los ojos de la gente!