Siguiendo la campaña de Antanas Mockus y Sergio Fajardo para la presidencia de Colombia, 2010.

Días en que revisamos los periódicos 8 o 10 veces al día para leer y coleccionar cada noticia, para analizar todos los comentarios; días en que compartimos el video con la última composición o la última visita a las ciudades, o que repetimos los anteriores sin nunca cansarnos; días en que prendimos la W o Caracol a las 6 para escuchar la última declaración y comentarla; días en que no soltamos el facebook para ver qué cosas insólitas nos compartían nuestros anónimos amigos de campaña; días en que escribimos, comentamos o reenviamos mensajes para canalizar este exceso de entusiasmo o de desconcierto; días en que no nos aguatamos las ganas de discutir con la abuela, el taxista o quien cayera en nuestras manos; días en que nos reunimos a ver los debates como si se trata de la final del mundial de fútbol al que nunca clasificamos.

Días que habrán sido por lo pronto nuestra experiencia política más intensa, días en los que nos enviciamos con la utopía y no quisimos soltarla o, tal vez, días que fueron un prefacio al momento en que repentinamente tuvimos que enfrentarnos al aterrador reto de realizarla.

Días de verde.

(La imagen de "enderecemos esta vaina", es de Esteban Ucrós, y el Mockus de fondo es de Diego Contreras)

 

Voto, sin ningún reparo, por Antanas Mockus - Ricardo Silva Romero

Voto, sin ningún reparo, por Antanas Mockus. Voto, sin ninguna duda, por Antanas Mockus. No existe, para mí, algo parecido a un dilema. Porque todo se reduce, cada vez que lo pienso, a la siguiente pregunta: ¿debo votar a la Presidencia por un líder transparente, valiente e imaginativo que lo único que me promete es cumplir la constitución, rodearse del mejor equipo posible y construir sobre lo construido, o debo votar a la Presidencia por el enésimo candidato inescrupuloso que se pasará los próximos cuatro años devolviéndoles los favores a una manotada de seres oscuros, recuperándoles el dinero invertido en la campaña a los empresarios de siempre y capoteando amenazas de las maquinarias que han sometido al país durante los últimos doscientos años?

Lo decía Daniel Samper Ospina el otro día: “no pienso votar por programas sino por talantes. Creo que esta vez no se trata de votar por programas, sino por alguien que respete la ley, que no sea manzanillo ni politiquero, alguien que no chuce, que no dé embajadas a hijos de políticos, que no cambie apoyos en el congreso por puestos: ese es Mockus. Nunca hemos tenido un Presidente así -y lo digo yo, que tuve un familiar en la presidencia-, y debemos darnos la oportunidad e intentarlo”.

Que no se nos olvide la verdad: que no tenemos por qué resignarnos a que este país sea de ellos; que no tenemos por qué rendirles cuentas a los apellidos; que la campaña del Partido Verde es una empresa austera; que sólo un candidato irresponsable se haría elegir a punta de insultar al Presidente del país que tiene al lado; que lo que sea la campaña será el gobierno; que la lógica “tenemos que elegir un bandido para este país de bandidos” es la prueba de que nuestros gobernantes nos han llenado de baja autoestima; que acá, en Colombia, hay que empezar por comprender que la vida de otro es otra vida, que la educación debe ser un ejército que no deje a nadie atrás, que nadie está por encima ni por debajo de la ley.

Que no nos vuelvan lugares comunes nuestros milagros: Bogotá en verdad renació gracias a las alcaldías de las cabezas del Partido Verde; nuestra esperanza no puede quedarse atrapada en el teléfono roto que han diseñado los reyes de la guerra sucia; Antanas Mockus no es un actor que lanza monólogos aprendidos en los debates de televisión; Antanas Mockus no es un hombre de derecha que pasa por encima de líderes de izquierda ni un hombre de izquierda que cree en revoluciones bolivarianas, sino un hombre que ha hecho lo posible por establecer en Colombia un gobierno de la razón a punta de sensibilidades; Antanas Mockus no es ese candidato efectista que titubea cuando lo acorralan los periodistas, sino un lider responsable que se niega rotundamente a pronunciar una sola palabra en la que no crea: de su boca no van a venir propuestas populistas en la tradición de “construiremos 3 millones de viviendas” o “controlaremos nosotros a la Fiscalía”.

¿De verdad vamos a ver borroso a un hombre que tenemos claro? ¿En serio vamos a dejarnos minar por los trucos publicitarios de las campañas ajenas? ¿Vamos a caer en la trampa que nos han armado para no unirnos alrededor de su nombre? ¿No es reconocer a Dios, al Dios que usted quiera, pronunciar las palabras “la vida es sagrada”? ¿Vamos a perder el tiempo en discusiones que no vienen al caso? ¿Nos preocupa, a última hora, que haya más sentimientos que sensatez en nuestra elección? ¿Podría ser de otra manera? ¿Vamos a perder la oportunidad de sacar del gobierno a los hijos de los hijos de los hombres que nos trajeron hasta acá? 

Yo no. Yo confío plenamente en Mockus. Yo le tengo fe a ese talante. Y me niego a que me quiten mi alegría.

Ricardo Silva Romero
Escritor

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