Siguiendo la campaña de Antanas Mockus y Sergio Fajardo para la presidencia de Colombia, 2010.

Días en que revisamos los periódicos 8 o 10 veces al día para leer y coleccionar cada noticia, para analizar todos los comentarios; días en que compartimos el video con la última composición o la última visita a las ciudades, o que repetimos los anteriores sin nunca cansarnos; días en que prendimos la W o Caracol a las 6 para escuchar la última declaración y comentarla; días en que no soltamos el facebook para ver qué cosas insólitas nos compartían nuestros anónimos amigos de campaña; días en que escribimos, comentamos o reenviamos mensajes para canalizar este exceso de entusiasmo o de desconcierto; días en que no nos aguatamos las ganas de discutir con la abuela, el taxista o quien cayera en nuestras manos; días en que nos reunimos a ver los debates como si se trata de la final del mundial de fútbol al que nunca clasificamos.

Días que habrán sido por lo pronto nuestra experiencia política más intensa, días en los que nos enviciamos con la utopía y no quisimos soltarla o, tal vez, días que fueron un prefacio al momento en que repentinamente tuvimos que enfrentarnos al aterrador reto de realizarla.

Días de verde.

(La imagen de "enderecemos esta vaina", es de Esteban Ucrós, y el Mockus de fondo es de Diego Contreras)

 

Discurso de Antanas Mockus 20.06.10

Colombianas y colombianos:

Quiero felicitar al Dr. Santos, a su partido y a quienes votaron por él. Le deseo al Dr. Santos el mejor de los éxitos como gobernante, para bien de nuestro querido país.

Quiero también felicitar al Gobierno Nacional, a la Policía, a las Fuerzas Militares, a la Registraduría, al Consejo Nacional Electoral y a las demás autoridades por la manera exitosa y casi totalmente pacífica en que transcurrió la jornada electoral. Lamento las emboscadas a la fuerza pública y me solidarizo con las familias de las nueve víctimas.

 Cuando no se alcanzan los objetivos, los seres humanos tenemos dos opciones: desistir y justificar esta renuncia o persistir y aprender de la dificultad.  Las organizaciones y los partidos no están hechos para renunciar sino para aprender y persistir.

 

A partir de hoy queda elegido un nuevo gobierno. Pero también se consolida una nueva fuerza política independiente: el Partido Verde. Una fuerza confiable, deliberante, responsable, capaz de construir, capaz de rendir y pedir cuentas y con vocación de gobernar y de permanecer en el tiempo.

 Quiero ahora caracterizar la relación  que establecerá el Partido Verde con el próximo gobierno nacional. Esta relación se resume en dos palabras: independencia y deliberación. 

·        Apoyaremos lo que se revele como bueno luego de un intercambio de argumentos libre de presiones.

·        Rechazaremos lo que, en libre intercambio de argumentos, se revele como indebido o inconveniente.

 El Partido Verde es una fuerza independiente con capacidad de argumentar y transformar.  Con esas capacidades ejerceremos nuestra función de control político. 

 Nuestra bancada tiene el deber institucional de ejercer control político al próximo gobierno. Haremos un control justo y totalmente ajeno a presiones y favores. Lo haremos en el Congreso, en el debate público y en el trabajo conjunto con los ciudadanos.

Somos millones las personas que hemos encontrado una nueva forma de hacer política. Defendemos la vigencia de la Constitución y la independencia de los órganos que administran justicia. Promovemos tres principios: la vida es sagrada,  los recursos públicos son sagrados, la ilegalidad es dañina. Hemos descubierto que podemos ayudarnos mutuamente a ser mejores.

Nos hemos comprometido con la defensa de los derechos, con el cuidado del ambiente y con la construcción de una sociedad honesta e igualitaria.

 La esperanza que millones de personas han depositado en el Partido Verde no será defraudada.

Hemos crecido mucho en muy poco tiempo y vamos a seguir creciendo.

Vamos a seguir creciendo con la Constitución en las manos como la expresión más preciosa de nuestro patrimonio colectivo y como garantía de nuestra identidad nacional.

Tenemos un sueño bueno, bello y verdadero que se hizo realidad y perdurará.

 

A los que no están aún en el Partido Verde, les pido que de aquí en adelante observen nuestra manera de actuar.  Ustedes estarán con nosotros en la medida en que reconozcan que los principios que nos mueven son los mismos de ustedes y que estamos en capacidad de defender esos principios y de hacer realidad su anhelo de construir una sociedad más legal y más justa.

Los colombianos saben que podrán contar con nosotros de aquí en adelante.

Seguiremos trabajando para que el programa ya propuesto al país se conozca y se ponga en práctica en cada uno de los departamentos y municipios, adaptándolo a sus necesidades y prioridades.

Seguiremos trabajando con ustedes para hacer de Colombia un mejor país. Para lograr la convivencia y buscar la igualdad por la vía de la educación y del uso pulcro y eficiente de los recursos públicos.

 Seguiremos trabajando con ustedes para transformar la política en algo que produzca orgullo y admiración.

 

Ahora, quiero hablarles a todos y cada uno de quienes votaron por nosotros.

 Permítanme felicitarlos y agradecerles.

 En los pocos pero intensos meses de campaña electoral hemos podido confirmar que en todo el pueblo colombiano existe una aspiración colectiva a ser mejores, aspiración que la política debe cuidar y ayudar a expresar.

 A quienes generosamente aportaron su tiempo y su trabajo

 Gracias por todo lo que han hecho.

Gracias por creer, gracias por confiar, gracias por actuar de buena fe y por mantener siempre viva la esperanza. Gracias por soñar que es posible tener un mejor país.

Gracias por seguir creyendo.

 Ustedes han demostrado que podemos ser mejores personas. Y nos han enseñado a nosotros que podemos ser mejores políticos. Un mejor país lo hacemos entre todos.

 Quiero agradecer a Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, a nuestra bancada en el Congreso, y a todo nuestro equipo. Quiero reconocer delante de todo el país la generosidad y el apoyo de estos compañeros.

Gracias a los equipos regionales por su capacidad de integrarse, de trabajar coordinadamente  y de lograr hacer muchísimo con pocos recursos. Gracias también al equipo nacional.

 El resultado es impresionante: juntos hemos creado la segunda fuerza política de Colombia.

Hemos logrado hacer de la política algo admirable e inspirador.

 Hemos logrado hacer de la acción colectiva y del proceso de organización del partido lugares de encuentro y de encanto.

 Los resultados que obtuvimos en tan poco tiempo demuestran que somos una opción de gobierno.

 

Hemos logrado inspirar y motivar a muchos, muchísimos jóvenes, adolescentes y hasta niños y niñas. Hemos logrado entusiasmarlos con el Partido Verde y con sus prácticas democráticas.

 El apoyo de los jóvenes es una de las cosas que más orgullo nos hace sentir.

La tecnología los ayudó a multiplicarse, a relacionarse entre desconocidos y a trabajar compartiendo ideales y persiguiendo fines desinteresados.

 El apoyo de la juventud es signo de que representamos las nuevas ideas, las nuevas preocupaciones, es signo de que somos sensibles a las exigencias del presente y del futuro y del mundo cada vez más globalizado en que viviremos.

 Gracias a todos y cada uno de esos jóvenes por creer, por preguntar, por debatir, por contradecir, por exigirnos más y más. Por preguntarnos con toda su alma “¿Y ahora qué?”. Ante esa pregunta la única respuesta posible es: “ahora  TODO”.

 

Gracias a quienes fueron elegidos con el aval del antiguo Partido Verde Opción Centro y que hoy hacen parte del Partido Verde. Gracias a Sergio Fajardo y Compromiso Ciudadano. Gracias a la ASI y AINCO. Gracias a los liberales y miembros de otros partidos que nos apoyaron.

 Al apoyar este proceso, ustedes han ayudado a conformar una fuerza política importante. Nuestro proyecto político común está en marcha.

 

Los verdes continuaremos trabajando sin descanso para legarles a nuestros hijos una Colombia más igualitaria y respetuosa de la vida  y de los demás derechos reconocidos por la Constitución.

El reto que asumimos es ser opción de gobierno para construir la esperanza en Colombia. A partir del 21 de junio trabajaremos para tener un partido fuerte y ganar el mayor número de gobernaciones, alcaldías, y escaños en asambleas, concejos y juntas administradoras locales.

Tenemos riquezas naturales en todas nuestras regiones, el talento está en todos los rincones de nuestro país y no hay ninguna razón que nos impida desarrollar plenamente nuestro potencial. Por eso hemos repetido una y otra vez, “Si lo soñamos lo logramos”. Por eso llevamos por toda Colombia dos símbolos poderosos, la Constitución y un lápiz. Ley y educación. Ese es el país que nos merecemos y por el cual trabajaremos con toda nuestra capacidad.

ESTA HISTORIA NO TERMINA HOY

HOY APENAS EMPEZAMOS A CAMBIAR A COLOMBIA

ANTANAS MOCKUS

 

Las paradojas de la sensatez - Por Gerrit Stollbrock

Necesitamos una cultura menos tolerante con las trampas y la ilegalidad para emprender el camino hacia una cultura menos tramposa e ilegal: esa es la paradoja a la que nos enfrentamos en estas elecciones.

Seamos concesivos. Supongamos que en la campaña todo fue “santo”: que en la primera vuelta no hubo nada parecido a oscuras maquinarias, millonaria compras de votos, silenciosa intimidación paramilitar, ni mucho menos fraudes. Supongamos, como dicen algunos analistas, que “triunfó la sensatez”. En ese caso, el principal obstáculo de Mockus habrá sido que esa “sensatez”, la de ese 46% seducido por la colombina de la seguridad democrática, es tristemente cómplice de un gobierno que, mientras tanto: 1) llevó a término la empresa criminal de usar la inteligencia para la persecución política, 2) repartió sin escrúpulo subsidios que iban destinados a fomentar la producción agrícola de campesinos entre familias pudientes y, en algunos casos, entre testaferros de paramilitares, 3) es políticamente responsable de más de 2000 ejecuciones extrajudiciales, 4) tiene a la base un partido con un número alarmante de congresistas relacionados con el paramilitarismo, algunos de ellos en prisión. Y la lista no termina acá.
Suficientes escándalos, definitivamente suficientes: en cualquier otro país habrían generado un rechazo político y moral sin precedentes, suficiente, si no para un tumbar el gobierno, sí en todo caso para una censura tajante hacia cualquier viso mínimo de continuidad en el marco de unas elecciones presidenciales. Pero parece que no es suficiente; este gobierno tiene inmunidad moral total. Ahí tenemos claramente la primera variación de la paradoja: ese 46% de “sensatez” que eligió la continuidad parecería cargar dentro de sí ese exceso de laxitud moral que aprueba formas sutiles y no tan sutiles de ilegalidad, es decir, justamente el mal que aspiramos transformar.
Pero no seamos tan concesivos. Como dice Cecilia Orozco en su última columna, ese 46% no se explica todo, por fortuna, por esa “sensatez”: en él hay mucho de oscuridad. Si echamos mano solamente de lo que poco que se ha hecho público hasta ahora, está claro que la otra campaña es capaz de hacer casi cualquier cosa para ganar: hizo uso del chantaje y el amedrentamiento de los receptores de las políticas sociales de mayor cobertura del país (Familias en Acción, ICBF, Sisben), contrató usuarios fantasma para sesgar los foros en Internet, tranzó una alianza que unifica todo el clientelismo del país aunque eso implique empeñar la gobernabilidad, ha aceptado los desvergonzados avales por parte del presidente, ha hecho pública la contratación de un profesional de la difamación y la introducción sistemática de rumores falsos en el chismerío callejero. Y basta callejear un poco para ver su efectividad. Quien dirige la campaña es el candidato; por eso su mandato no nos presagia para nada un gobierno ejemplar. Tenemos ahí la segunda la variación de la paradoja: un proyecto político que busca impulsar un cambio del país hacia la legalidad sólo puede buscar la presidencia jugando de forma limpia y por esa coherencia fatal podría ser vencido en las urnas por las “picardías” de su contrincante.
Desde cualquiera de las dos variaciones de la paradoja y sus combinaciones podría explicarse la perpetuación de una cultura tolerante con las trampas: muy a pesar de la democracia, la ilegalidad engendra ilegalidad. Pasado el 20 de junio sabremos si seguimos fatídicamente insertos en ese círculo vicioso o si habremos dado un salto cuántico hacia su fase virtuosa, hacia un cambio cultural que es inaplazable. Esperemos que esta vez la sensatez no tenga que ir entre comillas una vez más, que sensatez y esperanza anden de la mano de una buena vez.

Gerrit Stollbrock. Este texto se publicó originalmente en eltiempo.com

Chávez-Santos-Mockus: ¿Quién se parece más a quién?

De todo lo que ha sucedido en las últimas semanas contra el candidato Antanas Mockus, una de las cosas que me genera más indignación es ese “cuento” de que Antanas es como Chávez.

La pregunta es quién se parece más a Chávez en realidad, ¿Santos o Mockus? A ver, comencemos por el programa del gobierno Familias en Acción: en el artículo publicado en Semana Daniel Coronel[1] comenta que llegaron buses del Programa Familias en Acción a las manifestaciones de Santos, y que a algunos testigos los amenazaron con quitarle los subsidios si no llenaban la planilla. Por otro lado, recordemos la emisión de Noticias Uno[2] en donde un ciudadano beneficiario del programa Familias en Acción se siente “presionado” porque tuvo que dejar su trabajo para firmar una supuesta planilla para obtener  “los 100.000 pesitos para su hijo de cuatro años”. Ahora vamos al contexto Venezolano, las últimas elecciones fueron en 2006: durante la campaña electoral, los ciudadanos beneficiarios de las misiones (programas “sociales” asistencialistas del gobierno de Chávez) iban a las manifestaciones del candidato vestidos de rojo,  los hacían firmar una planilla de asistencia y los amenazaban con que la posible salida del mandatario acabaría con estos programas[3]. Por cierto, al leer el enlace citado, me acuerdo de la frase “Gracias mi presidente”… (ver  foto de la nota).

Sigamos ahora con la propuesta del candidato Santos de que la Fiscalía sea manejada por el Gobierno[4]. En Venezuela, el Fiscal General es designado por el Consejo Moral Republicano (me pregunto, ¿qué tendrá de moral?) el cual se encarga de convocar al Comité de Evaluación de Postulaciones del Poder Ciudadano (¡que enredo!) y, finalmente, los postulados son sometidos a consideración de la Asamblea Nacional (Artículo 279. Constitución de la República Bolivariana de Venezuela[5]).  Lo que sucede es que la Asamblea Nacional está compuesta en un 90% por el MVR (partido oficialista), ya que la oposición, en su momento, se retiró de las elecciones (no quiero comentar esta estrategia tan inteligente). En este sentido, creo que la propuesta de Santos es incluso más aguerrida que la de Chávez.

Por otro lado, ¿qué similitud tiene un desarrollo como el de Bogotá en los últimos 10 años con el atraso de Venezuela en los 10 años de gobierno de Chávez? Cada vez que me dicen: Mockus es como Chávez, yo digo: ojalá Chávez pueda o tenga la voluntad de planificar por lo menos un Estado o una ciudad como lo hicieron los “tres tenores” en Bogotá o como lo hizo Fajardo en Medellín. También me pregunto: ¿ustedes creen que el desarrollo de Bogotá y de Medellín es un modelo socialista bolivariano trasnochado?

Todo esto sin detenerme en el programa televisado aló presidente y en los consejos comunales, o en las chuzadas del DAS y los perseguidos políticos en Venezuela, o en los $600.000.000  incautados en un avión comercial de Cali a Tumaco y los  $800.000 dólares en efectivo incautados en una valija en vuelo comercial de Venezuela a Buenos Aires, o en la reelección propuesta por Uribe y la que logró de Chávez.

Creo que lo que sucede es que en Venezuela a Chávez no le da vergüenza avanzar con sus arbitrariedades, además, los venezolanos beneficiarios de los programas sociales de alguna forma se acostumbraron a esta forma de mendigar. Yo me imagino que es como “pagar un favor” : Yo Estado te doy acceso a los programas sociales, tu ciudadano me pagas votando por mí…. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia….

Por otra parte, creo que no hay nada que fortalezca más a Chávez que una persona tan arbitraria como él, pero de derecha. Recordemos lo que pasaba con Bush y lo que pasa  actualmente con Obama.  Chávez necesita y le gusta tener a un gobernante con quien pelear, eso lo enaltece, le da fuerza y, lo peor, hasta se divierte.

Un punto de vista de una colombo-venezolana que ha tenido la oportunidad de vivir en los dos países.



[1] http://www.semana.com/noticias-opinion/otra-forma-fraude/139519.aspx

[2] http://www.youtube.com/watch?v=R4FDOJmbcmI

[3] Ver punto 10 de Los Temas de las Campañas de Chávez: http://nuevomundo.revues.org/3900#ftn10.

[4] http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-203219-juan-manuel-santos-propone-fiscalia-sea-manejada-el-gobierno?page=8

[5] http://www.venezuela-oas.org/Constitucion%20de%20Venezuela.htm

Más que palabras - Paula Zuluaga

La emotividad de estas elecciones ha llegado a exasperarme, hasta el punto de que llevo muchos días escribiendo líneas, frases por ahí… Facebook se ha vuelto un medio de intercambio de opiniones necesario para no ahogarse con tanto dolor de patria.

Desde antes de la primera vuelta las relaciones del Partido Verde y el Polo me han intrigado y han ocupado significativos espacios de mis días de verde. ¿Por qué el Polo se empeñaba en hacer ver a Antanas como un neoliberal? ¿Por qué no entendían que un gobierno legal, que no estigmatice, no chuce, no persiga, no hostigue, es su mejor oportunidad para construir una fuerza más grande y tener opciones reales para llegar a la Presidencia? Luego vino una bajada en la montaña rusa de las elecciones: las declaraciones de Antanas. ¿Cómo permitir, si quiera por descuido, la interpretación de que la izquierda democrática justifica la violencia?, ¿por qué no reconocer y darle su justo lugar a la inmensa, horrible y sobre todo injusta inequidad de este país?, ¿por qué no rectificar? Este episodio significó la reafirmación, a tiempo, de que afortunadamente no hay ningún líder que pueda recoger las opiniones de todos y cada uno y que aún así, hay que escoger. Hay que comprometerse.

Sí, tengo claro que una cercanía con el Polo implicaba perder muchos votos de derecha. Sí, lo sigo teniendo claro. Aún así creo que no es posible quedarse quieto cuando las fuerzas tradicionales del país se unen en un nuevo Frente Nacional: el Partido de la U, el Partido Conservador y la hasta ahora valiente oposición del partido liberal (valiente porque siendo un partido de maquinaria se atrevió a distanciarse de la fuente burocrática).

Ya lo había dicho Semana el 15 de abril: “Partidos como Cambio Radical, el Partido Conservador e incluso el Partido Liberal (que desde hace 12 años no está en el poder) no descartan las alianzas de cara a una muy probable segunda vuelta. La probabilidad de una gran alianza y de que el próximo gobierno sea de coalición es cada vez más latente. ‘Estamos retornando a la tradición política de Colombia’, sentenció Carlos Guzmán, politólogo de la Universidad del Norte. ‘Los partidos siempre han tenido distintas divisiones internas: galanistas, lopistas, lleristas, laurenistas… pero en tiempos de crisis son cooptados por el oficialismo’, explicó” (y la negrita es de Semana).

Algo en mí tembló cuando lo leí. Por un lado, sentí algo parecido a la alegría de pensar que tanto miedo les inspiraba la fuerza del Partido Verde. Por otro lado, deseé que la historia se quebrara y me aferré a la ola verde para pensar que algo de verdad podía cambiar, que había millones de personas que votarían por ese cambio. Pero esta semana, como muchos, he tenido el corazón arrugado por las votaciones del domingo: hubo fraude y hostigamientos, pero también varios millones de colombianos que se sienten identificados por todo lo que representa Santos.

La montaña rusa se mueve con nueva fuerza, con urgencia. ¿Alianzas para la segunda vuelta? Aprecio que la carta del Polo al Partido Verde sea una carta de partido a partido: aquí están en juego miles de electores, el país entero, no el futuro político de Petro y Antanas. Y ante el silencio Verde, que hace bien en tomarse su tiempo, y mi certeza de que un peligro es perder votos de derecha recordé esta frase: “La unión hace la fuerza”.

Es la frase verde por excelencia, la que recuerda que tres ex-alcaldes con ideas y egos diversos pudieron unirse, trabajar juntos, hacer una campaña solidaria y limpia y encontrar mecanismos para llegar a acuerdos. A ellos se unió Fajardo, en un acto humilde en el que puso aspiraciones colectivas de cambio por encima de pequeños triunfos y derrotas personales. Esa unión marcó el despegue de la ola verde, con merecida razón.

Ahora, cuando llegan esas palabras a mi memoria, siento que es momento de seguir uniendo, de ver más allá de las diferencias, sanas diferencias de la democracia. De pensar en el país, de pensar en tantos, tantos, que queremos recuperar la dignidad de este país. Somos más de 3.120.000 votos, estoy segura. Pienso que es hora de no quedarse en las diferencias, sino de sumar a partir de las coincidencias. Es hora de no darle gusto a todo el mundo, pero de intentarlo todo para cambiar el rumbo. La política tradicional no pierde tiempo pensando en diferencias programáticas, se une sin más pensando en estar más cerca del poder. Aprecio que el Polo y el Partido Verde tengan cuidado de no comprometer sus principios. Pero cuento con que esta defensa de la coherencia vaya más allá y defienda la Constitución, las reglas de la democracia, el derecho a que haya fuerzas de oposición no perseguidas. La unión hace la fuerza. Y somos muchos, muy diferentes que necesitamos seguir demostrando que esa frase es más que palabras.

Paula Zuluaga Borrero

Nota: aquí va el link completo del artículo de Semana http://www.semana.com/noticias-elecciones-2010/coalicion-todos-contra-mockus/137620.aspx

y que bueno que no fuera sólo el Polo…

Malos perdedores - Daniel Pacheco

Fue la mención del ya famoso “No todo vale” de Antanas Mockus, durante su discurso después de la primera vuelta presidencial, lo que desencadenó entre el público la consigna “Tu conciencia vale más que un guarito y un tamal”.

Al día siguiente, en entrevista radial, Mockus aclaró que era “alérgico” a esa forma de pensar. “Si a uno no le va bien es porque no hizo lo que debía hacer suficientemente bien, no es porque los otros le hayan hecho trampa”.

Sin embargo, más allá de la postura sensata del candidato (que no tenía mucho más que decir luego de que Santos le sacara 24 puntos), por las redes sociales se reproduce, entre decepcionados de todos los colores, la versión del mal perdedor en varias versiones.

Está  la del radical, como Rebel Arte, quien en su estatus de Facebook dice, en hermoso español: “…El voto Amarrado y la Makinaria son los Grandes Vencedores …La Lechona, las Tejas y el Cementoo ….Mueven Masas!!! ”.

Aunque la idea de que hay un voto amarrado encierra cierta verdad, difícilmente podría decirse que en las pasadas elecciones éste fue determinante. Basta nada más mirar los resultados en Bogotá, la Meca del voto de opinión (si no que lo niegue el mismo Antanas), donde Santos le sacó al candidato verde 13 puntos de diferencia. Después de las pasadas elecciones es claro que no hay lechona pa tanta gente.

Pero es más perturbadora la versión moderada de los malos perdedores. No llama al fraude o a la trampa directa, sino a una deficiencia moral de quienes no votaron como ellos querían. Vladdo la resume bien en un tweet del lunes: “La Ola Verde no era una moda en este país; la moda es la corrupción, la intolerancia, el autoritarismo, las chuzadas, el desempleo…”.

La bajeza en quienes se promueven como los portadores de la ética pública es especialmente molesta. Pero lo peor de esta estirpe de malos perdedores es que ignoran un cierto principio de autosometimiento implícito en la democracia. Cuando uno acepta jugar a que “el que más votos tiene es el legítimo gobernante”, y luego de jugar y perder limpiamente sale a poner en duda la legitimidad de los ganadores, no está actuando como el demócrata que dice ser.

Un demócrata a ultranza diría incluso que si en las elecciones la voluntad de la mayoría está bien representada en el resultado, uno se debería poner feliz sin importar quién es el elegido. En carne y hueso este autosometimiento a la voluntad mayoritaria no es tan sencillo. Pero nadie está diciendo que nos alegremos porque Santos, muy probablemente, será el próximo presidente. Lo único que yo les pediría es que, ya que se va Uribe, dejemos que el antifuribismo se vaya con él.

Daniel Pacheco, columna en El Espectador

athpernath: Aún quedan veinte días...

El sentimiento de decepción fue el lugar de reunión de todos los que queríamos un cambio el 30 de mayo y ese sentimiento es tan fuerte que lleva a algunos a decir que se van del país, que es mejor hundir esto, que ya no hay salida.

Creo que es cierto, que todo va mal cuando seis millones de…

Somos mucho más que 3.120.716 votos - Por Gerrit Stollbrock

Somos 3.120.716 los que tercamente votamos por Mockus a la presidencia.

Somos 3.120.716 los que votamos por él, a pesar de sus despistes y de los autogoles de su campaña: a pesar de que es tan tentador pensar que las respuestas en el vitrinazo falaz de los debates son lo mismo  que gobernar y nuestro candidato tenga el vicio de pensar antes de responder, a pesar de que nuestro candidato cayó olímpicamente en las trampas mediáticas de sus inescrupulosos contrincantes una y otra vez.

Somos 3.120.716 los que votamos por él, a pesar de que nos enfrentamos a la comunión más descarada de todos los poderes más sospechosos del país y sus sus descaradas prácticas: a pesar de que toda la maquinaria del país sacó a rodar todo lo que tenía de flujo de caja para abusar de la pobreza de la gente y no quedar en jaque; a pesar del desvergonzado populismo de su adversario que promete no subir los impuestos, siendo continuista de un gobierno que ha dejado las arcas del estado desocupadas; a pesar de las caricaturescas y rampantes calumnias que salen de la boca de José Obdulio o de la campaña de difamación de J.J. Rendón y son difundidas sistemáticamente en el chismerío callejero; a pesar de que nuestro impudoroso contrincante logró en una semana voltear a punta de amenazas todos los directores de medios; a pesar de las caravanas de la seguridad que le endulzan los oídos a los ricos para ir a su casa de verano en Peñalisa, mientras las cifras de desplazamiento siguen disparadas en el resto del país; a pesar de la estrategia sistemática de despertar el miedo a través de las FARC y Chávez y tocar con eso el instinto más primario: la supervivencia.

Somos 3.120.716 votos muy resistentes que dimos el salto y confiamos en lo que está sucediendo.

Pero somos mucho más que 3.120.716. Somos muchos más los que estamos de acuerdo en que queremos un país decente, somos muchos más lo que queremos que la vida sea un tabú que respetemos incondicionalmente, somos mucho más los que quisiéramos un gobierno técnico y no de sanguijuelas esperando su pedazo de torta burocrática, somos mucho más lo que quisiéramos poder confiar sin andar armados de la suspicacia de siempre.

Veo en buena parte de ese 46% gente confundida, gente explotada, gente dudosa, gente encaprichada, gente asustada, pero no veo una sola justificación que me parezca legítima (si la hay, que alguien me la presente): un “voto de opinión” por Santos es, así lo veo, una contradicción en los términos. Seamos socráticos, pero combativos: ¡abramos de una vez los ojos de la gente!

Discurso de Antanas Mockus 30.05.10

Queridos ciudadanos, queridas ciudadanas de Colombia:

Hoy hemos alcanzado una meta que hace unos pocos meses parecía imposible de alcanzar, pasar a la segunda vuelta: Más de 3 millones de ciudadanos se han unido a lo que se ha convertido en una auténtica ola verde de esperanza. Sabemos que unidos podemos transformar radicalmente la sociedad. Sabemos que la violencia, la desigualdad y la corrupción no son un destino; son problemas que podemos superar.

Representamos una ciudadanía nueva que comienza a valorar la política, desea participar en ella y lo hace con visión, eficacia y decencia. A veces con ayuda de las nuevas tecnologías, se está construyendo una política admirable donde la participación es voluntaria y desinteresada y donde priman formas amables y cuidadosas de corregirnos mutuamente. Con compromiso y creatividad muchas personas van encontrando mil maneras de explicar, enriquecer y difundir el mensaje.

Todos vamos comprendiendo que podemos ser mucho mejores de lo que hasta ahora hemos sido.

Esta campaña ha sido un proceso pedagógico asombroso. A través de las redes sociales, de la conversación persona a persona y de los votos del día de hoy, han participado millones de colombianos y colombianas, residentes unos en Colombia y otros en el exterior; niñas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores; amas de casa, mujeres y hombres, emprendedores y trabajadores del campo y de la ciudad; indígenas y afrocolombianos, y muchos colombianos que no votaban. Y nos hemos ido contagiando de tres deseos:

1) Que cada uno de nosotros asuma que la vida de los demás y la vida propia son sagradas.

2) Que los recursos públicos son recursos sagrados.

3) ¡Que no todo vale! Que podemos alcanzar los resultados buscados sin sacrificar los principios.

Con esta segunda vuelta tenemos la oportunidad de avanzar hacia una profunda transformación cultural que libere a nuestro país de la violencia, el narcotráfico y el clientelismo. Que nos libere también de la desigualdad extrema que nos ofende a todos y cuya superación desean hasta los más privilegiados.

Por otra parte, la educación y un cambio cultural que propicia el cumplimiento de la ley son también la mejor estrategia para la preservación y el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas. Por esta vía, Colombia podrá consolidar la que fue su primera proeza ambiental de alcance mundial: en efecto, casi 40% del territorio colombiano está por ley sustraído al comercio, con el fin de preservar -juntas-la biodiversidad y la diversidad cultural. Más agua, más verde. Más verde, más agua. Más culturas, más verde, más agua.

Siento que hoy cada uno de nuestros votantes, al marcar en el tarjetón el Partido Verde, dijo: “La vida es sagrada”. Ha sido también como si nos declaráramos mutuamente “Tu vida es sagrada”. “Tu vida es sagrada”

Al votar, más de tres millones de personas se comprometieron hoy a jugar limpio, a cumplir las reglas, a respetar a los demás, a combatir la cultura del atajo. Ya contamos con una voz colectiva que retumba a lo ancho y largo de Colombia y que nos permite afirmar que si somos suficientemente innovativos vamos a ganar la segunda vuelta para impulsar este cambio cultural.

Cuando con Lucho y Enrique comenzamos a construir este camino, a recorrer las ciudades, a hablar con las personas en la calle, este proyecto parecía imposible. El escepticismo propio y ajeno sobrepasaba la esperanza. Sin embargo, la ola empezó a crecer. Ya el 14 de marzo, contra todos los pronósticos, fuimos más de un millón ochocientos mil.

Después vino la unión con Sergio Fajardo y su Movimiento Compromiso Ciudadano. Él y su equipo le dieron a Colombia una bellísima demostración de generosidad. Ellos habían recorrido ya un largo camino, habían construido una organización, habían estudiado la realidad colombiana y habían elaborado propuestas de profundo contenido. Y decidieron poner el resultado de todo su trabajo al servicio de esta causa colectiva.

La ola verde nos llevó a descubrir nuestra capacidad de acción. Sentimos que, si nos unimos, cada sueño es realizable: ¡la unión hace la fuerza! ¡La unión hace la fuerza!

Hemos decidido que la nuestra será una fuerza tranquila, una fuerza respetuosa de la ley.

Hoy estamos seguros de que mediante un ingenioso proceso educativo, mediante un gran cambio cultural, es posible construir una democracia activa, deliberativa y pacífica, es posible acabar con la influencia del narcotráfico y de la corrupción, es posible reducir drásticamente la violencia y es posible lograr una sociedad mucho más igualitaria.

La unión nos ha permitido sumar experiencias, logros y conocimientos, que ahora debemos multiplicar con ustedes.

Y no es la primera vez que se produce una movilización de esta magnitud en Colombia. Hace ya casi veinte años, los colombianos plasmamos en la Constitución un proyecto de sociedad basado en el reconocimiento y el goce efectivo de los derechos, basado en un cuidadoso equilibrio de los poderes, basado en la autonomía de las regiones y basado en los deberes de cuyo cumplimiento somos corresponsables todos.

Avanzar sustantivamente en la realización de ese sueño, el sueño constitucional, es nuestro propósito para los próximos cuatro años. Nuestra misión es clara. En esta etapa la historia que en esta etapa la historia se escriba con lápiz y constitución, no con sangre ¡Con lápiz y constitución, no con sangre! Persistimos en la voluntad de conformar un equipo de gobierno de las mejores calidades.

Agradezco a la vida la oportunidad de participar en esta campaña, la oportunidad de encontrarme con este extraordinario equipo de trabajo y la oportunidad de descubrir la fuerza de millones de colombianos que han recuperado y ponen de manifiesto su esperanza.

He aprendido mucho. Sobre todo volví a descubrir el poder y el placer del trabajo en equipo. El éxito en pequeño, terminó convocando a millones de colombianos. ¡Reitero, podemos ser mucho mejores de lo que hasta ahora hemos sido!

Ahora bien, por decisión de la ciudadanía, debemos enfrentarnos en segunda vuelta al doctor Juan Manuel Santos. Los ciudadanos tienen ante sí dos opciones muy distintas. El doctor Santos ha demostrado, de múltiples maneras, que está convencido de que el fin justifica los medios. Además está apoyado por una clase política cuyo comportamiento ha debilitado la confianza en las instituciones. Los dos tenemos interpretaciones claramente diferentes de nuestra realidad. Nuestras propuestas para el país son muy distintas. Los colombianos escogerán el próximo 20 de junio entre estos dos caminos: la continuidad de resultados sin importar los medios-la del todo vale-o la de resultados sin sacrificar ni principios éticos ni legalidad-la del no todo vale. Queremos ganar pero no a cualquier precio, queremos gobernar pero no de cualquier manera.

Admiro a mis otros rivales de la primera vuelta. Admiro también a sus candidatos a la vicepresidencia.

Germán Vargas demostró haber estudiado juiciosamente la situación del país. En sus propuestas, fundamentadas en una rica experiencia como parlamentario, hay muchas herramientas útiles para que los colombianos abordemos nuestros problemas y nuestras oportunidades de inserción en el mundo contemporáneo.

Con Gustavo Petro tenemos diferencias ideológicas, pero desde hace años hemos participado en escenarios democráticos en los que coincidimos en una urgencia: la urgencia de recuperar para la ciudadanía el poder político y económico, y asegurarle a las víctimas la devolución de sus tierras, aquellas tierras que las mafias -como él las llama- han arrebatado por la fuerza.

La tenacidad de Noemí Sanín y su llamado permanente a recuperar la transparencia en lo público y a asegurar oportunidades para los sectores más vulnerables de la sociedad y también para las mujeres, encontrarán resonancia en un gobierno del Partido Verde.

En cuanto a Rafael Pardo, me sumo a las muchas voces de reconocimiento a su preparación, su capacidad intelectual y sus condiciones personales. Confieso que durante la campaña valoré mucho sus propuestas para construir una Colombia Justa. Sus aportes serán fundamentales en la construcción del país que queremos. Compartimos con el liberalismo la defensa de las libertades y el sueño de tener una sociedad más igualitaria.

Al agruparnos en el partido verde, Sergio, Enrique, Lucho y yo le apostamos a que la democracia colombiana requiere de partidos fuertes. Creo en un acercamiento público y transparente entre los partidos, no en los acuerdos tradicionales entre ellos. Aquí no hay nada para repartir, solo principios e ideales para compartir. Minga sí, piñata no.

Manteniendo esta actitud de respeto a los partidos, queremos dejar las puertas abiertas. Convocamos a todos los ciudadanos y ciudadanas, a los que votaron hoy por nosotros, a los que votaron por una opción diferente, incluso a los que no salieron a votar, a que en la segunda vuelta se sumen a esta alianza ciudadana. Juntos podremos demostrar que con el lápiz y la Constitución, sí se puede.

Hoy somos la segunda fuerza política del país. Eso nos da la autoridad y la responsabilidad para liderar una alianza ciudadana que nos lleve a que el próximo 20 de junio el proyecto ganador sea el de la legalidad democrática. Gracias, gracias, gracias

¡VIVA LA OLA VERDE!

Nuestras razones para votar por Antanas - Catalina López y Sergio Guarín

Ya todos saben que nuestra opción es votar por Antanas. Tenemos el facebook lleno de girasoles y portamos con optimismo la manilla del partido verde. Creemos de corazón en esta posibilidad. Por eso, queremos mencionar algunas de nuestras razones:

1. La idea de tener un presidente - profesor realmente nos seduce. Nuestros 200 años de vida independiente comenzaron con gobiernos militares y de ricos hacendados. Y, haciendo honor a la verdad, pocas cosas han cambiado. Por eso, creemos que tiene un inmenso peso simbólico que nuestra nación opte por un maestro (de universidad pública, además). Eso nos dice que empezamos a preferir socialmente el valor de educar.

2. Nos sentimos plenamente identificados con el propósito de la legalidad que promueve la candidatura de Antanas. Estamos convencidos de que muchos de nuestros problemas radican en que hemos construido una sociedad “ilegal”. Es decir, una sociedad “del atajo”. Vivimos en un país en el que “todo vale”, en el que las reglas no importan. En el que cada quien elige un fin propio, lo proclama como superior, y hace “lo que sea” para lograrlo. Y ese es un tema que nos afecta a todos. Pues son tan atajistas los ganaderos que decidieron contratar ejércitos propios para defenderse, como los ciudadanos que compramos repuestos baratos en Sanandresito, o los que tomamos una contravía para llegar más rápido a la casa, los que pagamos al tramitador, los que evadimos impuestos y los que le damos “pa’ la gaseosa” al policía que quiere ponernos un parte. En todos esos casos, nuestros intereses personales están por encima del interés general. Que es, precisamente, lo que significa y preserva la legalidad. Pues ley es lo que defiende el interés de todos. Lo que nos protege del deseo de unos pocos. Lo que nos da seguridad… Seguridad física para pasear y seguridad económica para hacer transacciones… Seguridad de saber que no te van a trampear… Seguridad de saber que le podemos decir a los niños que si pasan por las esquinas no los atropellarán.

3. Nos encanta que esta idea de legalidad es un reto de todos. Así es. El valor de la ley y de las normas, el reto de la convivencia no es un problema del presidente. Es un propósito en el que todos contribuimos. Por eso, votaremos por Antanas con la convicción de que, al hacerlo, nosotros mismos estamos adquiriendo un compromiso: el compromiso de la ciudadanía responsable. El compromiso de cambiar. Creemos que el inquilino de la casa de Nariño es tan sólo un funcionario público… Sin duda el más importante… Pero estamos seguros de que el país que queremos lo construiremos entre todos.

4. ¿Y por qué, si el reto es de cada uno, no da lo mismo votar por cualquiera? Porque lo que la propuesta del partido Verde nos garantiza es que el Gobierno va a respetar sus límites y que hará lo posible por cumplir con sus obligaciones. Que no habrá transacciones ni negociaciones. Que nos gobernarán con criterio técnico… Y eso nos brinda total tranquilidad. Porque Antanas no tiene cola burocrática, porque no se ha enriquecido, porque no es dueño de fortunas ni proviene de familias poderosas. Porque es un tipo como nosotros. Un profe… Un tipo al que le gusta oír más que hablar. Leer más que discursear.

5. También nos gusta que no nos prometan cosas. Estamos jartos de los políticos que nos sacan votos a punta de repetirnos las necesidades que todos compartimos (y que todos sabemos). Preferimos que nos digan que vamos a tener que pagar impuestos, que no vamos a ganar millones y que la inversión no será sostenible si entre todos no cambiamos. Preferimos al político sin asesores, al que no se enfocó en su publicidad, al que se equivoca, al que duda. Preferimos que nos gobierne un ciudadano bien rodeado que un caudillo solitario.

6. Compartimos muchas de las dudas y críticas que se le han hecho a Antanas. En algunas cosas nos parece terco, en otras neoliberal y hasta un poco autoritario. Preferiríamos que tuviera una posición más contundente frente a algunos temas y que fuera más claro. Además, reconocemos la calidad de varios de los candidatos. Sin embargo, tenemos la tranquilidad de que un voto por los verdes es un voto seguro… Lo hemos vivido en carne propia… Tanto en nuestra Universidad como dos veces en Bogotá… Por eso, nos encanta que en campaña nuestro candidato sea diferente… Queremos que se concentre en pensar en el reto de gobernar y no en una estrategia de venta que pone a la política en el mismo nivel mediático del jabón.

7. Creemos en el valor de la simpleza. Y sabemos que si los colombianos realmente nos metiéramos en la cabeza que “la vida es sagrada”, que “los recursos públicos son sagrados” y que “con educación todo se puede”, realmente viviríamos en un país mejor. No en un país perfecto, pero sí en un país en el que cada uno pueda expresar su libertad… Los retos de la equidad y de la atención social no dan espera… Pero, para solucionarlos, tenemos que dar, primero, un paso gigante… Tenemos que hacer que nuestro pacto social sea posible y estable. Tenemos que lograr la transformación cultural que estamos pidiendo a gritos. Esa transformación cultural sin la cual seguiremos siendo un país de mafias y grupos ilegales.

8. Votaremos por el Verde porque su mensaje es de optimismo, de creatividad y de humor… Nos encanta pensar en que nos puede gobernar un hombre que se ha disfrazado siendo adulto, que le da valor a los símbolos y que le quita seriedad a su propia vida… Nos sentimos identificados con una propuesta que no recalca en los problemas - ya muy diagnosticados - de nuestro país… Sino que piensa en soluciones. Y en soluciones diferentes… Que valora el arte, la ciencia y la innovación.

9. Finalmente votaremos por el Verde porque sabemos que Antanas no es único… Peculiar sí, pero ni único ni indispensable. Más bien es un líder positivo. Porque si el proyecto de una nueva sociedad, basado en el compromiso de todos, “pega”, el día de mañana elegiremos entre más y mejores candidatos. Ciudadanos normales con vocación de servicio. Realmente, amigos, votaremos por Antanas porque queremos votar por nosotros mismos… Y por eso los invitamos a hacerlo también…

Catalina López y Sergio Marín

La fragilidad de la confianza - Gerrit Stollbrock

Mientras Antanas hablaba sobre la condición contradictoria de la confianza, sobre su invaluable poder y su infinita fragilidad, las palabras de alguien más se filtraron en mis oídos: me invitaban a constatar que el estuche de mi cámara digital estaba vacío.

Sí, debo confesarlo, estaba confiado; me estaba sintiendo a mis anchas, porque una porción extraña de terreno encementado, la Plaza de Bolívar, se había convertido, por un misterioso acto de transubstanciación, en espacio público; porque, por un milagroso acto de conversión, había descubierto humanidad y esperanza en miles de rostros anónimos.

Pero además hace días me arriesgué a dar ese salto. Lo hice, desde que empecé a constatar que en las marchas verdes aparecía antes de cruzar las calles un ”¡Cruce por la cebra, cruce por la cebra!” como estribillo; desde que una vez transcurrido un debate empezaba a sonar un polifónico debate de interpretaciones en todos los rincones; desde que pude ver al final de las manifestaciones aparecían vecinos con sus escobas o voluntarios que querían recoger hasta la última colilla de cigarrillo; desde que llevar una manilla verde provocaba una sonrisa espontánea de complicidad entre dos ciudadanos desconocidos; desde que miles de diseñadores, músicos y artistas volcaron su creatividad y donaron su tiempo para hacer posible la utopía de los bienes comunes; desde que los comentaristas verdes en internet se regulaban entre sí para no caer en el descontrol en medio de esta marea de emociones; desde que aparecían brotes de verde en las ventanas de todos los edificios y empecé a constatar que, en efecto, en vez de ser un privilegiado habitante de un pequeño oasis en medio de un desierto de bribones (“Colombia es un país de aviones”), vivo en realidad en un tupido bosque; desde que las encuestas ponen en manifiesto que la ola verde ha logrado lo que los científicos sociales sofisticadamente llaman “coordinación de expectativas”: aunque no gritemos tanto, somos más y al fin sabemos los unos de los otros.

La confianza es frágil y esto apenas comienza, pero hay suficientes razones para no sucumbir, porque si a tantos nos pasa que, cuando nos ponemos la camisa verde o un botón con un girasol en la chaqueta, nos sentimos incapaces de pasar el semáforo peatonal cuando está rojo o de saludar a un vendedor del supermercado sin mirarlo primero a los ojos, estos 60 días de verde habrán sido mucho más poderosos que ocho años de Seguridad Democrática; el cambio cultural ya comenzó: ya no seremos los mismos que antes.

Gerrit Stollbrock, 28 de mayo de 2010

Votar - Ricardo Silva Romero

Y un día, cuando ya los habíamos dado por perdidos, los jóvenes se levantaron de sus tumbas. Y gracias a Internet, que les ha devuelto el alma a tantos cuerpos, que a todos nos ha hecho comprender de qué hablan cuando hablan de “democracia”, descubrieron que no son una minoría de inconformes condenados a quejarse de la sangre fría de los políticos, que a nadie puede delegársele la responsabilidad de corregir el mapa de Colombia, y que el destino de este país ajeno, en el que apenas han sobrevivido como si fueran inmigrantes ilegales, en verdad está en sus manos. Este domingo saldrán a votar para abrirle paso a una revolución pacífica que dejará al mundo entero con la boca abierta: reclamarán, como una conciencia colectiva, la patria que les quitaron a los padres de los padres de sus padres.

Continúa en su columna de opinión en El Tiempo

Nuevas viejas elecciones - Antonio Ungar

En lo único en que estoy de acuerdo con los mockusianos es en que mucho está en juego en estas elecciones. Como ha estado siempre, desde que este país está  cayendo a grandes velocidades por un abismo insondable, que es por lo menos desde que tengo uso de razón. Hoy tal vez el abismo pinta más sondable porque ocho años de uribismo nos han dejado listos para que el diablo Santos nos reciba en el fondo del hueco y nos engulla de una vez por todas. Por eso hay que votar por Mockus. En eso estamos de acuerdo, también. En que hay que votar por Mockus. Mis motivos sin embargo son muy distintos a los de aquellos que escriben por estos pagos: yo votaré por el profesor ininteligible para evitar que el Santos me pinche con su tridente de paramilitarismo-clase alta bogotana-cultura mafiosa. Pero no votaré por Mockus porque crea que es el mejor candidato. Respecto a mis inclinaciones electorales no puedo estar más de acuerdo con las sabias Tola y Maruja: a Mockus no le entiendo, pero le creo. Le creo que no va a robar y que va a poner buenos técnicos en puestos claves, y con eso parece bastar esta vez. Pero no le entiendo. Entiendo mucho mejor a Gustavo Petro. Le he oído decir que todo en este país pasa porque más de la mitad de la gente no tiene con qué comer y porque más del 90% de la tierra está en manos de menos del 3% de los terratenientes. Ha dicho también que hay que devolver las tierras y los bienes robados por los poderosos durante el uribismo y que los derechos básicos (salud, educación, agua potable, etc.) no se compran ni se venden. Podría seguir hablando sobre el que sería mi candidato en un país que no estuviera a punto de ser engullido por Satanás, pero el país es Colombia y este es el espacio de los verdes. Votaré por los verdes entonces, en segunda vuelta, a pesar de que día sí y día también su candidato dice que admira a Álvaro Uribe con devoción y a pesar de que se declare más católico que el que deja el cargo y a pesar de que sus políticas económicas traerán más pobreza. Qué remedio queda. Votaré por Mockus. A pesar de que cuando por fin le entiendo una frase no me convence lo que dice, es infinitamente mejor que Juan Manuel Santos y sus demonios de la U.

Antonio Ungar
Escritor

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Otra Colombia es posible - Jorge Iván Cuervo

La última vez que un candidato a la presidencia propuso una revolución ética - en aquella oportunidad contra la influencia del narcotráfico en distintos ámbitos de la vida pública - fue asesinado por el crimen organizado en alianza con sectores del establecimiento político y del Estado.  

Pocas veces las sociedades tienen la oportunidad de corregir el rumbo. Es algo que se presenta una vez cada treinta años. Colombia la tuvo con López Pumarejo en la década del 30 del siglo pasado, y su Revolución en Marcha fue reversada por los sectores más reaccionarios de la sociedad, entre ellos Eduardo Santos. No haber profundizado las reformas sociales que se propusieron entonces, nos condujo a la violencia política, al asesinato de Gaitán y al surgimiento de las guerrillas en los años sesenta. Luego de Galán no se ha vuelto a dar otra oportunidad. 

Escenarios de exclusión social y política combinados con recursos del narcotráfico hicieron posible una Colombia con los más altos índices de violencia en el mundo civilizado, una tragedia con la cual nos acostumbramos a vivir. El gobierno de Uribe puso en la agenda pública la necesidad de tener un Estado fuerte capaz de hacer frente a los fenómenos de violencia como requisito indispensable para hacer viable un país. Ese mensaje, con todos sus bemoles: chuzadas, falsos positivos, deterioro institucional, relajamiento de las costumbres políticas, y demás entuertos, ya hace parte de un aprendizaje social. Pero no basta, se necesita mucho más que soldados en las carreteras. 

Se necesita otra concepción de lo público, un Estado al servicio de los ciudadanos y no de intereses políticos, un Estado que favorezca el crecimiento de la economía y distribuya a través de políticas sociales, donde el servicio público sea entendido como un servicio a la sociedad y no como una oportunidad de enriquecimiento personal.  

Se necesita una revolución ética, una donde no exista justificación alguna para violar los derechos de las personas. Ni siquiera en situaciones de injusticia. Se necesita de una ética de responsabilidad, de ciudadanos concientes de su rol público, pagando impuestos, cumpliendo con sus deberes, contribuyendo con la convivencia, vigilantes ante las autoridades públicas. Una ética donde el ciudadano pueda cumplir sus sueños, desarrollar sus capacidades, reconocer al otro: al negro, al indígena, al homosexual, al discapacitado, al niño, al extranjero, a la mujer, al hombre, como un válido interlocutor. 

A Colombia la está matando la intolerancia, la exclusión social, la desigualdad, y para ser una sociedad más tolerante, más incluyente, más prospera, más igualitaria, se precisa ante todo de una revolución ética, de un cambio en las pautas de convivencia y de relación entre gobernantes y gobernados, sustentada en la confianza  en la solidaridad, y no el miedo. Puede ser que con eso no alcance para hacer una revolución social, pero por algo hay que empezar. El día en que la mayoría se convenza de la necesidad de tener un Estado capaz de regular los conflictos y de promover desarrollo para todos, habremos dado el paso para una sociedad más justa. No es repartiendo subsidios o amenazando con que volverán las Farc o Chávez nos invadirá. Ya no queremos vivir más del discurso del miedo. Ese tuvo su cuarto de hora durante estos ocho años. 

El único candidato capaz de liderar una revolución ética que empiece a sacarnos de la pobreza y de la cultura de la ilegalidad, que todo lo permite y todo lo justifica, es Antanas Mockus. No desperdiciemos esta oportunidad de ser una mejor sociedad.

jorgeivancuervo@hotmail.com

Mockus, el déspota - Daniel Cardoso Llach

En medio del fragor de estos días de verde voces alarmadas de la derecha reaccionaria y de la izquierda ilustrada retratan por igual a Antanas Mockus como un dictador en ciernes, soportado por el fervor mesiánico de un movimiento que, para aquellos más a la izquierda, reproduce el fenómeno electoral que llevó a Álvaro Uribe a la presidencia.

Esta es una postura condescendiente que trivializa un hecho político complejo y cae en la trampa elitista de negarle agencia política a las personas que lo integran –reproduciendo un imaginario colonial que habría que desmantelar. No. No es lo mismo el Uribismo que la campaña verde. No es lo mismo un movimiento que gira en torno al reclamo por la legalidad, la institucionalidad, el trabajo en equipo y el valor de la vida, que un movimiento que encontró su capital político en el fervor militar y en el miedo –hábilmente cultivado- de la amenaza terrorista. Me tienta sugerir que –aparte de elitismo- lo que la inconformidad de estas voces expresa no es una reacción a la campaña verde sino a la realidad (algo trágica, de acuerdo) de la democracia participativa. Los verdes no son, hay que decirlo, la masa informe y acrítica en busca de un caudillo que se insiste en anunciar, sino lo contrario: una masa crítica y -copio a un amigo- una inteligencia colectiva. 

Las descalificaciones de que Mockus es objeto por parte de ambas orillas ideológicas –de la derecha por ser “blando” y “chavista”, y de sectores de la izquierda por ser un halcón y un “déspota”- subrayan su posición de centro y recuerdan la campaña de Obama en Estados Unidos, que viví de cerca, en la que los conservadores lo retrataron incesantemente como alguien incapaz de proteger al país o de llevar a buen término la campaña bélica de Irak. Al mismo tiempo sectores de izquierda, que lo habían imaginado menos al centro del espectro, se sintieron traicionados con su llamado a expandir la guerra en Afghanistán y Pakistán, amén de otras políticas. Casi por libre asociación pongo sobre la mesa verde de este blog el episodio reciente en que nuestra izquierda Colombiana crucificó a Petro, calificándolo de Uribista y derechista, por su apoyo irrestricto a la legitimidad de las instituciones, del ejército e incluso de Uribe. Pero ahora es turno de Mockus, el déspota, de recibir las etiquetas de lado y lado.

Comparaciones aparte, es muy difícil ver en el proyecto cultural verde de refundar tabúes alrededor de la vida y la legalidad los asomos despóticos o furibistas que se le atribuyen, pues no está basado en la coacción armada sino en el entendimiento de la ley como construcción colectiva y como instrumento de convivencia que “vale para todos”. La etiqueta neoliberal, por su parte, que retrata a Mockus como un enemigo de lo público, desconoce que a pesar de haber sido favorable a privatizaciones parciales de entidades públicas, la campaña verde se basa en el fortalecimiento de lo común: más jueces, más impuestos, más controles, más educación. Por si las dudas: no es conservador proponer más impuestos, no es conservador fortalecer el respeto por la ley mediante pedagogía y cultura, y no es conservador el fortalecimiento y expansión de los aparatos judicial y educativo. Las descalificaciones ideológicas esconden esta vez más de lo que revelan.

A pocas semanas del desenlace uno de nuestros retos como verdes es enfrentar con argumentos y debate estas etiquetas para consolidar algo que parece indispensable: la unión de la mayor cantidad posible de votos críticos de otras toldas en torno al proyecto ético que Mockus y Fajardo representan. Sin esto Santos será el presidente de Colombia y las prácticas y estructuras del clientelismo, la corrupción e impunidad que preocupan por igual a verdes, rojos, azules, amarillos y uribistas críticos, quedarán intactas. Es decir: “seguiremos avanzando”.  

Más allá de las consideraciones ideológicas, tan propensas a la abstracción y al pronóstico, me confieso menos dispuesto que otros a transar con las costumbres políticas que mantienen a Colombia en el subdesarrollo por unas credenciales de izquierda o derecha. Lo diré claramente: Para mí no tiene ningún sentido pasar de un clientelismo Uribista a uno liberal, o a otro polista. Necesitamos una nueva forma de entender el problema. La campaña verde, con sus errores y vacilaciones, se convirtió en una opción real de sacudir los cimientos de la clase política tradicional Colombiana, corrupta hasta los tuétanos, y de fortalecer la institucionalidad minada por 8 años de un gobierno de talante autocrático. También, de salir de las trincheras ideológicas y reenfocar el debate público alrededor de ciertos temas fundamentales como la legalidad y la vida, y así transformar desde lo ético el ejercicio de la Colombianidad. Buscando esa transformación votaré por Antanas Mockus en primera y en segunda vuelta. 

Daniel Cardoso Llach

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Antanas Mockus y la educación estética - Doris Sommer

Antes de la elección de Antanas Mockus en 1994 Bogotá era la ciudad más peligrosa en América Latina, si le creíamos al servicio de consultoría del Departamento de Estado de los Estados Unidos que aconsejaba no viajar allí. En los aeropuertos internacionales se encontraban advertencias oficiales que señalaban a Lagos y a Bogotá como lugares demasiado convulsionados para hacer turismo. Debido a esto, los bogotanos mismos no dudaban en apoyar este consejo de mantener distancia frente a la ciudad. Se acordarán que  habían perdido la confianza y, los que pudieron, se fueron de la ciudad para que sus hijos pudieran ir al colegio sin necesidad de ser protegidos por guardaespaldas. La ciudad parecía sumida en un nivel de corrupción que hacía que todo estuviera en contra de ella, porque las soluciones convencionales con dinero o con las armas habrían empeorado en lugar de mitigar la ambición y la violencia. Confundidos durante un tiempo, como lo reconocerán los economistas y los científicos que se declaraban derrotados cuando les preguntaban qué habrían hecho, el nuevo alcalde dio un giro nada convencional hacia el arte como compañero de las políticas públicas, a través de un programa que denominó “cultura ciudadana”, el cual tuvo un efecto transformador para Bogotá y que valdría la pena que se asumiera en una campaña a nivel nacional.

La premisa es que los ciudadanos deben participar ejerciendo una regulación de sí mismos y mutua, y que dependen del gobierno para coordinar proyectos, pero no como único garante de derechos y obligaciones. La noción del ciudadano activo va a compañada de la idea de ser copartícipe en proyectos creativos, como si ser ciudadano significara ser miembro de un colectivo de artistas, lo que se remonta a la educación estética según Schiller como el único cimiento, si bien indirecto, de una república moderna. Esto es así porque los ciudadanos participan en la construcción de un país, a diferencia de los sujetos que se limitan a obedecer en las monarquías o en otros regímenes autoritarios. La tradición del ciudadano como co-creador de la vida social sigue el modelo de Wilhelm von Humboldt de educación en una universidad moderna, así como el consejo de John Dewey para sacar a su país de la Gran Depresión y para que asumiera prácticas democráticas amplias. Después, Jurgen Habermas también ha defendido el postulado de Schiller en relación con el arte como vehículo de la acción comunicativa con imaginación. Habermas plantea que sin el pensamiento contractual que conduce la exploración artística sería imposible apreciar las posiciones políticas que plantean conflicto o imaginar nuevos acuerdos universales.

Mockus asume esta definición de bases amplias y creativas de ciudadanía democrática y la lleva a las calles, los medios, las aulas y el gobierno. Une a los constituyentes en conflicto para formar redes de respeto mutuo y compromiso y los persuade a todos para unir sus códigos morales y legales de comportamiento. Al elegir a Sergio Fajardo como compañero de fórmula y habiendo formado una coalición con Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, Mockus ya ha demostrado que los buenos políticos pueden superar las diferencias que debilitan. El ex alcalde de Bogotá y futuro Presidente de Colombia se convierte así en un líder modelo cuyo consejo e inspiración han buscado otras sociedades.  Aplaudo a Colombia por haber reconocido esta valía ejemplar y por convertirse en un faro para otros países que aspiran tener futuros más democráticos.

Doris Sommer
Harvard University

Before Bogotá elected Antanas Mockus in 1994 it was the most dangerous city in Latin America, if you believed the U.S. State Department advisory not to go there. At international airports, official warnings singled out Lagos and Bogotá as places too troubled to traffic in tourism. On this count, Bogotanos themselves didn’t doubt the advice to keep a safe distance from the city. They will remember that many had lost confidence altogether, and those who could afford to emigrate left, so that – for example — children could attend school without being shadowed by personal bodyguards. The city seemed hopelessly mired in a level of corruption that turns almost any investment against itself, because conventional cures of money or more armed enforcement would have aggravated, not mitigated, the greed and the violence. Stumped for a while, like the economists and political scientists who still admit defeat when I ask what they would have done, the new mayor took an unconventional turn towards art as a companion to public policy in a program he called “cultura ciudadana” that had a transformative effect on Bogotá and that should be scaled up to a national campaign.
The premise is that citizens participate in self and mutual regulation; they depend on government to coordinate projects but not to be the only guarantor of rights and obligations. The notion of the active citizen as a co-participant in creative projects, as if citizen meant member of an artist collective, goes back to Friedrich Schiller’s aesthetic education as the only solid, if indirect, grounding for modern republics, because citizens participate in the construction of a country – unlike subjects who merely obey in monarchies or other authoritarian regimes. The tradition citizen as co-creator of social life includes Wilhelm von Humboldt’s design for modern university education and also John Dewey’s advice for getting his country out of the Great Depression and into broad democratic practices. Lately, Jurgen Habermas has also defended Schiller’s brief for art as the vehicle for imaginative communicative action. Without the counter-factual thinking that drives artistic explorations, Habermas observes, it would be impossible to appreciate conflicting political positions or to imagine new universal accords.
Mockus takes this broad based and creative definition of democratic citizenship to the streets, the media, the classroom, and to government. He binds together Colombia’s conflictive constituents into webs of mutual respect and obligation while he persuades all to bind together their cultural, moral, and legal codes of behavior. By choosing Sergio Fajardo as running mate, and having formed a coalition with Enrique Peñalosa and Lucho Garzón, Mockus has already demonstrated that good politics can overcome debilitating differences. The former mayor of Bogotá and the future President of Colombia thereby becomes a model leader whom other societies have sought out for advice and inspiration. I applaud Colombia for recognizing his exemplary worth and for becoming a beacon to other countries that aspire to more democratic futures.

Doris Sommer
Harvard University